El eco del Spam

El hecho de escribir en este formato, es decir, en un blog, produce inevitablemente un efecto meta-discursivo. Es decir, acabamos escribiendo sobre el hecho de escribir en un blog cosas que parecen por momentos mensajes en una botella. Nunca se sabe quién lee una entrada cuando la subes a la red, pero desde luego, la idea mítica de que entra en una esfera de lo público es bastante relativa. Como mucho, entra en uno de esos círculos en los que te mueves por las redes sociales. Más allá de una cierta autoexpresión, uno de los pocos efectos seguros es el que devuelven por momentos los mensajes de Spam que se cuelan en los comentarios que están pendientes de validación. Además del correo basura que nos llega por email, la gestión del blog también recibe comentarios producidos por los llamados “robots”, que al parecer vienen a ser programillas encargados de rastrear en la red cualquier receptáculo que acepte mensajes para llenarlo de falsos comentarios y otras artimañas que sirven para meter subrepticiamente publicidad o reclamos comerciales de todo tipo. La mayoría vienen escritos en inglés y lo que dicen es de lo más inespecífico. Te dan una especie de refuerzo positivo, un premio, que valdría para cualquier temática, y luego te cascan el link a una página porno o de venta de fármacos.

Dicen cosas como: “Magnífico post, muy informativo. Me pregunto por qué los expertos de este sector no se dan cuenta de esto. Debe continuar con su escritura. Estoy seguro, que tiene una enorme base de lectores ya”.

Otros son enigmáticos y contienen por igual redundancias y rimas asonantes: “¿Qué pasa? Soy nuevo en esto, me encontré con esto. Es absolutamente útil y me ha ayudado a saco. Espero contribuir y ayudar a otros clientes como me ha ayudado a mí su post. Gran trabajo”.

O también, a veces, apresuradamente traducidos a tu lengua con el traductor de Google: “Me gusta la valiosa información que proporcione para sus artículos. Voy a marcar su blog y prueba una vez más aquí con frecuencia. Soy moderadamente seguro que voy a estar informado un montón de cosas nuevas adecuada aquí! Mucha suerte para la próxima!”

Claro, esto, por un momento, describe con bastante fidelidad el narcisismo bloguero bajo la forma de una recepción falsa en la que te homologan al pelotón de ingenuos que creen estar diciendo algo interesante. Pero leídos así al trasluz, como con un poco de distancia, son verdaderamente reveladores del escaso peso de las opiniones, de la devaluación generalizada de lo que decimos en un contexto de reconocimiento circular y retroalimentado. Son pequeños fragmentos de literatura robótica, estampada en forma de sellos indiscriminados sobre nuestros humildes apuntes acerca de las cosas que pensamos. Son recibos del escenario de un “micrófono abierto” al que siempre puedes salir a decir alguna gilipollez. El eco del Spam, en realidad, es el eco de nuestra propia intención de tener una voz en un mundo que no escucha, es el diseño de un timo perfecto que sigue engordando palabras placebo como “empoderamiento”. Mucho me temo, que si seguimos con las metáforas que pudieran sugerir los mensajes de Spam llegaríamos a la conclusión de que algunas de estas tecnologías en las que decimos vivir parecen creadas para diseñar un optimismo colectivo. Y aunque en el fondo sabemos perfectamente que poner “me gusta” no significa nada, volveremos a hacerlo porque nosotros mismos actuamos como el Spam. Porque en ese escenario cutre que supura mensajes “no deseados” (como si los otros siempre lo fueran), nosotros creemos ser proveedores de opinión en un entorno más plural en el que nuestras aportaciones Spam adquieren la vaga idea de una participación que con demasiada frecuencia consideramos un privilegio democrático que eventualmente nos permitiría la denuncia de las cosas injustas. Así nos agrupamos en perfiles adherentes de gustos y apoyos a causas peregrinas. Y sentimos un escalofrío cuando los anuncios que acompañan nuestras consultas del correo parecen saber lo que hemos comprado o lo que querremos comprar dentro de poco, permitiéndonos confirmar esa sospecha finalmente tan tranquilizadora de que el sistema nos controla.

This entry was posted on Lunes, octubre 19th, 2015 and is filed under Avistamientos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

One Response to “El eco del Spam”

  1. Retórica Fantoche y Autocombustión | [esferapública] on junio 21st, 2016 at 23:42

    [...] sensación de justicia mediática. Todo esto ya lo sabemos. Responde a eso que he denominado “el eco del Spam”. Ahí están también los participantes entusiastas en los linchamientos tuiteros contra [...]

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