Espejos para políticos

En el décimo episodio de la segunda temporada de la serie televisiva The Killing, emitida en 2012 por la AMC, uno de los personajes, candidato a las elecciones para la alcaldía de Seattle, juega al baloncesto en silla de ruedas después de haber sufrido un intento de asesinato. Lo hace para ganar el favor de algunos sectores de la ciudad rodeado de chicos en un barrio de mayoría afroamericana castigado por la marginación. La escena es grabada por encargo de sus asesores con el objetivo de conseguir un efecto viral en las redes sociales que le aúpe a la alcaldía en medio de una encarnizada lucha contra su rival.

El 3 de diciembre de 2014, el Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, coincidiendo con el Día Internacional de las Personas Discapacitadas, se hacía ver en una cancha de baloncesto lanzando algunos tiros desde una silla de ruedas con el equipo de la ONCE. La noticia, con una inconfundible vocación icónica, también tuvo su eco.

Desde que Pedro Sánchez llegó a la secretaría general de su partido hemos asistido con cierta perplejidad a una estrategia mediática sin precedentes. Pedro Sánchez hace cosas raras, se lo pone fácil a los humoristas, lo mismo llama de improviso a un programa de esos dedicados al escarnio público, que se descuelga haciendo rapel desde un cortado en Guadalajara. Parece obvio, más allá de los parecidos razonables con las imágenes de cualquier serie televisiva estadounidense, que los asesores de imagen del político están encantados con la puesta en práctica de estrategias que forman parte de esa estética de proximidad “a la americana”. Pero, en nuestro contexto, es inevitable contemplar estas acciones con un trasfondo teatral y populista, precisamente porque se parecen demasiado al papel televisivo de unos personajes de ficción que Sánchez encarna incluso a través de un físico actoral.

Sobre la recuperación un tanto desesperada del lugar y la imagen de la socialdemocracia no se me ocurre un diagnóstico más lúcido que el artículo del periódico Diagonal que firma Jorge Armesto, donde describe con verdadera gracia la jugada televisiva de otro líder del PSOE, Antonio Miguel Carmona, para deslegitimar al contertulio de Podemos: recordar el pasado socialista de alguien como Juan Carlos Monedero resultaba ser un ataque contra su integridad.

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