Fingir familiaridad con los autores que se citan

Una de las argucias que se manejan en el mundo cultural, ya lo hemos dicho otras veces, es el juego cabalístico con los significantes. Estos se representan en autores, obras o acontecimientos que marcan una impronta en la memoria y que todo el mundo conoce, o debería conocer. Freud, Kafka, Dalí… no son sólo autores con una obra más o menos conocida, también son significantes culturales cuyos nombres todos asociamos a un halo o a una herencia cultural. Han dejado de hecho una huella léxica en adjetivos de uso común: kafkiano, freudiano… Otros son menos obvios, y responden a la sombra que proyectan sobre un determinado ámbito de la actividad cultural, pueden ser “autores de culto”, sólo para iniciados. De modo que, si te dedicas a esto y no los conoces se te cae el pelo y nadie te toma en serio. Por la misma razón, algunos significantes resultan ser invocaciones salvíficas para cualquier cosa que uno diga. La gente cita con una sorprendente alegría a ciertos autores, pero, en realidad, están siendo utilizados con religiosidad, como quien se encomienda a un santo al iniciar un viaje o como ese gesto tan entrañable de las señoras que se santiguan al salir de casa. Leyendo un ensayo de un colega, por ejemplo, me encontraba con una referencia al “imperio de los signos” de Roland Barthes. El que lo cita no sabe que ese libro de Barthes no habla de lo que él cree, esto es, de que en el mundo hay signos a cascoporro, sino que habla de Japón, de su experiencia en el encuentro con una cultura suculenta para él porque se adentra en el espacio entre la escritura y la imagen. Así que este colega estaba, por decirlo con simpatía, citando de oídas. Y mira que le hubiera bastado con abrir el libro para darse cuenta de que aquello iba de otra cosa o que, en todo caso, de citarlo, hubiera convenido hacerlo sabiendo de qué iba en realidad el libro.

Hay muchos textos especiados así, a base de una pizca de postestructuralismo de oídas, otro poco de un Wittgenstein que nunca se leyó, el siempre ambiguo y sabroso Heidegger, o Adorno, de resonancias más arcanas. Yo lo del postestructuralismo lo entiendo porque la verdad es que se presta a todo, es muy socorrido, lo de Wittgenstein, ya no tanto. En fin, que las composiciones que se hace el personal con estas cosas se parecen bastante a un aliño en el que los significantes culturales son especias que aportan un retrogusto. Yo sé que, en mayor o menor medida, esos significantes tienen su órbita de influencia que todos percibimos y situamos más o menos en un ámbito de intereses, y que eso puede ser una referencia ilustrativa sin necesidad de ser especialista en el autor. Yo, eso lo entiendo, de verdad. Pero es que, por decirlo con retrogusto arcaico, esto es un cachondeo. Ya desde hace tiempo leo aliños cada vez más desvergonzados donde todo da un poco igual. Para ser justos debo decir que tengo algunos otros colegas que sienten lo mismo y que son víctimas de este festival de la tontería. Tratar con familiaridad a los autores es un privilegio que se obtiene con mucho trabajo, así que: ¿qué necesidad hay de ir poniendo fetiches colganderos a lo que uno trata de decir? ¿No nos damos cuenta de que los textos transparentan muchas cosas, como bien nos hacían saber esos a los que se cita tanto?

Yo tengo una sensación curiosa con esto, parecida a la que me viene cuando mis alumnos se refieren a los autores de los que hablamos por el nombre de pila, como si hubieran estado tomando unas cañas ayer mismo. Cuando me dicen eso de que “Marcel inventó el ready made” me entra una extraña mezcla de ternura e impotencia, la impotencia de explicar la distancia con el significante y su verdadero valor en el uso discursivo que se hace de él.

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5 Responses to “Fingir familiaridad con los autores que se citan”

  1. José María on mayo 19th, 2013 at 14:06

    Aspiramos a no citar… :)

  2. admin on mayo 20th, 2013 at 14:32

    Bastaría con citar con honestidad, no cuesta nada. Lo raro es que la gente omita citas obvias, y ponga otras innecesarias.

    Gracias José María, espero que estés muy bien.

  3. Un alumno que a partir de ahora tendrá más cuidado con las citas on diciembre 1st, 2013 at 12:57

    Yo estoy en una fase al menos, igual de patética. La de meter con calzador (tengan poco o nada que ver con lo que estás tratando) referencias a tu autor fetiche del momento; en este caso Heidegger. Es difícil de evitar cuando la impresión que provoca descubrir la filosofía de ser y tiempo heideggeriza todo lo que te rodea.

  4. admin on diciembre 4th, 2013 at 23:32

    Tienes razón, son etapas, y luego que hay autores que tienen un lenguaje que se pega como el olor de una cocina. Bueno, lo que puede ser bueno es contrarrestar los sabores con otros autores. Suerte con ello.

  5. Virginia Paniagua on noviembre 30th, 2015 at 12:28

    Después de leer todolonecesario para escribir una tesis encerrado en casa… Si! El simil olor a cocina me parece perfecto! Gracias por tu aviso para navegantes

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