Estética del pillaje y prácticas comerciales low cost

Me pregunto en qué junta directiva algún iluminado publicista ideó y dio a conocer con la avidez de los mezquinos esa estrategia que ha caracterizado la estética (y la ética) de Ryanair. Quizá fue su presidente sin ir más lejos, un tipo conocido por su excéntrico sentido del humor y su militancia en el ridículo. Después de aquel éxito en la presentación de su powerpoint ambas, estética y ética, fueron barridas por un objetivo mucho mayor: el pillaje. El resultado, una logradísima combinación entre los estrictos protocolos de la aviación y la ley mercantil del chatarrero, vamos, en el filo de lo delictivo. Todos sabemos que se trata de esa compañía irlandesa que sospecha de ti, que te mide la maleta con una ridícula caja, que recluta a una tripulación adiestrada en reformatorios y geriátricos ingleses, y que se pasa enteros sus trayectos ofreciendo cosas que comprar hasta que te entran náuseas. En definitiva, una compañía irlandesa de bajo coste que ha conseguido depurar y llevar a lo sublime lo peor de la cultura comercial británica. El hecho de estar en un avión cuyos asientos de plástico te torturan supone un cepo eficaz que nos obliga a asistir al incómodo escenario de las ventas a domicilio sin poder escapar ni siquiera al baño, una vez que se bloquean los pasillos con los carritos.

Michael O'Leary, presidente de Ryanair

Pero su obra maestra, por lo que se refiere a este infinito sacar de la chistera nuevas cosas que vender, es el sorteo. Con el argumento infalible de que “gran parte de los beneficios serán destinados a diferentes organizaciones de ayuda a la infancia” puedes obtener no sé qué premio…  ¿Gran parte? ¿Qué organizaciones? ¿Qué infancia?

La sospecha de que aquello es fraudulento podría ser infundada si no fuera por el recuento de maniobras coactivas y recaudatorias por el que has pasado a esas alturas, y que se remonta al instante mismo en que compraste el billete en su página web. En ese momento, en el que a pesar de la sustancial subida del precio final del billete creías viajar con costes razonables, firmabas la renuncia a tus derechos como consumidor y tu ingreso en el concurso de pardillos a los que endilgar los márgenes con que otras compañías gravan el precio real del billete.

Lo más interesante que demuestra Ryanair es que en el mundo del marketing se puede llegar a vender incluso mediante la agresión. Sin duda ellos han creado un ingenio de la política comercial al sustituir la seducción de la venta por la compra bajo amenaza. Después de ver esa combinación de amarillo y azul de su imagen corporativa con esas tipografías, todo son trampas y amenazas sobre las consecuencias (no sólo económicas me temo) de no seguir las normas. En todo caso, la estética inconfundible del timo internáutico está inscrita en ese diseño demencial.

En uno de los últimos vuelos, y no es broma, al lado de los azafatos que rasgaban sin demasiado cuidado las tarjetas de embarque impresas en casa, pude ver a un adolescente llorando desconsoladamente. Había sido apartado del resto y al parecer de su familia. El corralito para guardar la cola ayudaba a verlo como la res elegida para el sacrificio. Luego supe que su madre había escrito su nombre con algún error tipográfico y que al no concordar con el de su carné de identidad no le era permitido el embarque. ¿Estará en la política de empresa elegir una víctima de cada vuelo para amargarle el día? ¿Será una forma de instaurar el terror en la suspensión temporal de los derechos individuales que tiene lugar en esa tierra de nadie que son las antesalas de los embarques aéreos? Al final no sé que providencia intervino y detuvo la crueldad, y el chico entró en último lugar al avión arropado por una ovación de todo el pasaje. Estuvimos a punto de rebelarnos y adoptarlo como líder de un nuevo movimiento contra las compañías low cost. Aunque como en otras muchas cosas es fácil encontrar gente que ya se ha percatado de todo esto y viene denunciándolo.

El clima de crispación nace en la cola antes de subir al avión cuando algunos de esos chicos con uniforme azul y amarillo se pasean con la caja buscando víctimas del pago adicional, por si habías conseguido sortear las trampas de la web. A nadie se le escapa que tanta preocupación por el equipaje de mano corresponde al ajustado cálculo volumétrico de la cabina. Pero que ese cálculo de costes y beneficios asociado al espacio personal se traduzca en una persecución tan insidiosa no puede ser sino un síntoma del nuevo desparpajo de las compañías, por desgracia, no sólo de las aéreas. Adiós a aquel protocolo por el que el cliente solía tener la razón. La indefensión ante las prácticas del pillaje mercantil se ha vuelto ya un hecho cotidiano con el que contamos al contratar otros muchos servicios y con el que ya sólo podemos hacer chistes. Lo gracioso es que toda esa política aberrante tenga su correlato estético. Debe de ser, simplemente, la estética del pillaje, que nos hace saber que como clientes y potenciales usuarios no pintamos una mierda.

This entry was posted on Martes, junio 5th, 2012 and is filed under Avistamientos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

2 Responses to “Estética del pillaje y prácticas comerciales low cost”

  1. Acido Girls on junio 11th, 2012 at 8:00

    no sabemos si creernos lo de esa foto…la recordaremos cada vez que nos subamos en una-de-estas-máquinas-contaminantes…

  2. admin on junio 17th, 2012 at 12:10

    Conviene recordar algunas cosas, otras se quedan en la memoria a nuestro pesar. En este caso me temo que se trata de una de esas imágenes persistentes. Saludos y gracias.

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