Sobre “Interior metafísico con galletas”

“Nos sobran teorías sobre el paisaje” es uno de los versos que leemos en el nuevo libro de poesía de Alberto Santamaría. Otros anteriores, tanto Pequeños círculos (DVD, 2009) como B (El Desvelo, 2011), procedían de un paisaje postindustrial que servía de escenario para su exploración en el lenguaje, capaz de dibujar paisajes sin teoría, y es curioso cómo se vuelve metafísico ahora el escenario de cosas mundanas en este nuevo libro. Una obra prologada por Rosa Benéitez en un magnífico y certero texto que en mi opinión ilumina la poética de Alberto Santamaría. Por su parte, El Gaviero Ediciones vuelve a arropar con una impecable e inconfundible edición esta entrega.

Versos extraídos como objets trouvés de la prosa del mundo, fragmentos reelaborados para ocupar un lugar estratégico en el paisaje de cosas particulares en las que se posa la mirada cuando no estamos viendo en realidad esas cosas sino sus trasfondos. Si tuviéramos que hacer una iconografía del bodegón cubista, como sugería Thomas Crow, encontraríamos curiosas recurrencias objetuales que no distan tanto de las que ponían en marcha los pintores metafísicos o más tarde los surrealistas, y cuyos nombres de puras cosas son ahora los habitantes de un interior del lenguaje, tal como sugiere Rosa Benéitez. Así la obra poética de Alberto Santamaría podría ser la inversión de aquella metafísica de los objetos que en otro tiempo ha sostenido la náusea, lo siniestro, el extrañamiento o el ready made de un arte voluntariamente alienado. Lo metafísico se vuelve aquí un lugar vacío que tiende al humor de la obsolescencia y la desubicación, que nos hace mirar desde la tenaz cotidianidad que ya se encarga de desmitificarnos. La náusea es sólo nuestro propio asco ante la indiferencia de las cosas a nuestro paso. Pero lo que encontramos aquí es la ironía que se deriva de sostener la mirada de tales cosas, o del abismo devolviéndola. Como dirá otro de sus versos, “-Por algo llevas la misma peluca / que las cosas”… Esa tensión se presenta con un viraje hacia la sonrisa imprecisa inscrita en la escena que, como en el azar objetivo de los surrealistas, hace pensar si no habrá alguna voluntad que la organice con el recado de algo cómico que nos advierte.

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