Viajar está sobrevalorado

Si combinamos comentarios de dos amigos a los que admiro obtendremos un buen diagnóstico sobre el estatus de los viajes en nuestra cultura profesional y de ocio. El primero es de Domingo Hernández que solía decir, invocando a Lezama Lima, que “viajar está sobrevalorado”. La necesidad imperiosa de cambiarse de calcetines después de las caminatas por los aeropuertos y las estaciones, unida a su kantiana tendencia a quedarse en casa, le empujarían a resumir de ese modo un comentario más extenso de Lezama Lima:

“Es que hay viajes más espléndidos: los que un hombre puede intentar por los corredores de su casa, yéndose del dormitorio al baño, desfilando entre parqués y librerías. ¿Para qué tomar en cuenta los medios de transporte? Pienso en los aviones, donde los viajeros caminan sólo de proa a popa: eso no es viajar. El viaje es apenas un movimiento de la imaginación. El viaje es reconocer, reconocerse, es la pérdida de la niñez y la admisión de la madurez. Goethe y Proust, esos hombres de inmensa inmensidad, no viajaron casi nunca. La imago era su navío. Yo también: casi nunca he salido de La Habana. Admito dos razones: a cada salida empeoraban mis bronquios; y además, en el centro de todo viaje ha flotado siempre el recuerdo de la muerte de mi padre. Gide ha dicho que toda travesía es un pregusto de la muerte, una anticipación del fin. Yo no viajo: por eso resucito”.

De cita en cita recuerdo el segundo comentario, esta vez de Rogelio López Cuenca, un experto en rutas psicogeográficas, que dice que “viajar es una artimaña del capitalismo para tenernos fuera de casa”. Con ello Rogelio apunta a la evidencia situacionista de que estamos tan alienados en nuestro tiempo de ocio como en el de trabajo, y que finalmente quedarse en casa es casi el único estado en el que no somos productivos para alguna de las industrias para las que trabajamos y consumimos. Gastar viajando, ya sea por turismo o por trabajo, es un modo como otro cualquiera de ser mercancías.

Rogelio López Cuenca, Traverser les idées... 1989.

Por si fuera poco, en los ámbitos relacionados con la producción cultural, viajar se ha convertido en una especie de señal de prestigio. Que nos paguen billetes de avión parece algo bueno y deseable (aún sería peor que no los pagaran), pero eso no hace más razonable la absurda necesidad de personarse en los lugares más remotos donde los eventos tratan hacer visible la floreciente cultura local de cualquier sitio. O al menos eso era así antes de la crisis. La verdad es que ahora todo se ha vuelto más difícil y los que antes volaban en business ahora deben padecer el síndrome de la clase turista, es decir, de nuevo con Domingo, el cuerpo de viaje o el síndrome de los calcetines pegados.

La situación no ha dejado de empeorar a pesar de los fastuosos vuelos interoceánicos, y desde luego ya hace algún tiempo que esto se veía venir. Mientras tanto algunos nos fatigábamos al asistir a esa curiosa ceremonia de la vida social del arte, esa por la que los ocupadísimos comisarios y artistas de éxito se sienten en la obligación de relatar viajes y horas de espera en salas de embarque con el inconfesado goce de que aquello represente la prueba de una vida profesional internacionalizada y envidiable. Lo mismo ocurre con esa garantía de calidad artística y rigor intelectual que es haber vivido en Nueva York (por ejemplo), más que nada porque a nadie se le ocurriría pensar que has estado haciendo el canelo allí. La creencia patética de que “viajamos, luego trabajamos” fue puesta por escrito por Nicolas Bourriaud como rasgo identificativo de su estética “relacional” o su “artista radicante”, ya no recuerdo, teorías las suyas de enorme éxito, sólo comparable con su banalidad. Aquellos ocupados profesionales del arte y la cultura, sin embargo, acudían a abrevar a las pequeñas instituciones locales de las provincias. Pensándolo bien, quizá hubiéramos debido establecer algún sistema para anillarlos y seguir su pista de aves migratorias para saber dónde están ahora.

This entry was posted on Jueves, marzo 15th, 2012 and is filed under Avistamientos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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