Cómo utilizar el “fuerte comansi” para hacer un buen modelo explicativo o una estética modal…

Claramonte, Jordi, Desacoplados. Estética y política del western, Madrid, La Tabacalera C. S. A., 2011.

Desacoplados es un breve e intenso ensayo de Jordi Claramonte en el que la metáfora del western y sus recurrentes estructuras argumentales sirven como algo más que un modelo de las dinámicas de desarraigo y de actitudes de automarginación ante la vida social. Se trata, en realidad, de un ejercicio de reflexión sobre los modos de vida o, como prefiere decir el autor, de una “estética modal” que establece un vínculo directo entre los posicionamientos y los discursos políticos. En este sentido, la figura del desacoplado, aquel que en cierto grado es excluído de la polis, o de las formas de vida dominantes, adquiere en sus propias resonancias estéticas (el vaquero errabundo o el pistolero sin destino, obligados a vagar por las estepas) una capacidad de alusión a realidades vividas y a modos de relación que, en diferentes escalas, nos afectan.

La metáfora del western explica la dinámica del desacoplado, mientras la dinámica conceptual del desacoplado explica el western como género metafórico. Un ejercicio de precisión en la que ambas vertientes se complementan con una sorprendente lucidez, no tan habitual en el juego con los significantes de la llamada cultura popular. De manera que la estética modal que defiende Claramonte utiliza este género desde una perspectiva de revalorización trágica (por cuanto las más de las veces es asociada a una reconciliación imposible con el mundo). En todo caso, se trata de un interesante ejercicio intelectual “ilustrado” por el indudable poder de construcción de mitos de ese género.

Esto de la estética modal se le veía venir a Jordi desde aquel volumen en el que junto a Paloma Blanco, Jesús Carrillo y Marcelo Expósito, Modos de hacer. Arte crítico, esfera pública y acción directa, recopilaran un buen manojo de textos interesantes que redefinían la estética de esa ya indisociable cuestión de las relaciones humanas en nuestro mundo, mediadas siempre por las múltiples máscaras de la simbolización.

En definitiva una interesante incursión en las interacciones entre estética y política a partir de modelos culturales inscritos en los imaginarios que compartimos y que, sin embargo, aluden a esa crisis de la integración en lo común. El efecto de lo excluyente se traduce así en signos estéticos que este ensayo rastrea con solvencia.

Las sugerencias que desprende el texto, en cualquier caso, nos impulsan a otras lecturas. ¿No será en realidad todo esto una teoría de la obsolescencia “modal”? ¿O sobre la dificultosa pervivencia de los antiguos regímenes modales? ¿O una historia de la extinción y con ello del relevo de los paisajes?

“El verdadero duelo a muerte en los westerns es el que enfrenta a los paisajes mismos, o mejor dicho a las modulaciones de los mismos mediante las que los diferentes modos de relación se auto-producen continuamente. Ningún modo de relación comparece sin transformar y modular el paisaje, así cada vez que la lógica de los westerns acecha, cada v vez que un duelo está apunto de producirse, el pueblo se queda sin un alma, el sol cae a plomo, el viento trae polvo y esa especie de bolas de hierbajos secos que nadie sabe de dónde llegan…” (p. 34).

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