Madrid-Barça

Foto tomada de Burkitectura

Quizá debiéramos cambiar el nombre a este país y llamarlo sencillamente “Madrid-Barça”. A riesgo de que el gentilicio fuera un poco forzado, al menos ganaríamos ventaja sobre esa fórmula que los “noticieros” y los políticos usan al hablar de nuestra proyección internacional y que denominan: “la marca España”. Al parecer “España” dejó hace tiempo de ser un Estado y mucho antes de ser un país, y ahora es más bien una marca. En realidad eso le está pasando al mundo, y quizá no esté lejos la aparición de la marca “Mundo®”.

En paralelo a este fenómeno los principales equipos y la liga de fútbol entera se exportan como riqueza nacional ya que los cerebros se han fugado a lugares donde se valora el talento, y ahora, en esta embolia de patriotismo, también se exporta la Selección Nacional que algún periodista deportivo o una marca de cervezas bautizó como “la roja”. Una amiga mía adoptó esa misma fórmula para referirse a su menstruación, pero no estoy seguro de que tenga algo que ver excepto por la hemorragia patriótica que sucedió a la victoria en el Mundial. Mientras tanto en el País Vasco unos monitores de un campamento de verano engañaban a unos niños en pleno proceso de euskaldunización sobre el resultado del partido diciendo que había ganado Holanda (seguramente pensaron que aquello podría alterar la delicada mutación).

Como decía otro amigo, vivimos en un país de gilipollas. Cuando ganó la Selección Española el mundial del 2010 ese amigo mandó a unos cuantos elegidos una especie de haiku “sms” que decía así: “ya no hay duda de que somos un país del tercer mundo, ahora ganamos al fútbol…” Digamos que este amigo (que prefiere no ser citado), aunque considere a Sánchez Dragó como el mejor ejemplo de su teorema, estaría sin embargo de acuerdo con él cuando asegura que lo más español del mundo es poner a caldo a España. Que ello sea así, que tengamos cierto hastío por las nacionalidades, parece mucho más tolerable que cualquier muestra de patriotismo, la verdad. Y todo ello sería coherente con el hecho de que las fronteras de esa “soberanía” se ablandan como los relojes de Dalí. Quizá vaya siendo hora de internacionalizar ese pesimismo antropolígico, igual que la crisis globaliza la injusticia y se ríe de las “soberanías”.

Lo cierto es que los partidos Barça-Madrid son de las pocas cosas que despiertan interés en el resto del planeta, como pude comprobar la primera vez que llegué a ver uno, acontecimiento que tuvo lugar por avatares de la vida en Panamá. Allí descubrí que todo el mundo se alineaba sin demasiado criterio por uno o por otro equipo y hasta llevaban las camisetas puestas a los bares donde las teles emitían el partido vía satélite. La arbitrariedad con que desde fuera se milita en el Madrid o en el Barça me hizo pensar en las cosas que significa aquí cada uno de los dos grandes equipos de la liga.

Esta división, obvio reflejo del bipartidismo en la política, se convierte en parte de la estructura esquizofrénica con la que se ordenan los restos de nacionalidad y de orgullo que quedan en el reino de España. Supongo que además debe de ser un fenómeno cercano a la regresión infantilista por la que a cada adhesión incondicional a unos colores le corresponde un antagonista. No deja de sorprender que las polémicas en torno a los partidos sean un reflejo escala 1:1 de las broncas del patio del colegio, con argumentos tan sólidos como la cara de niñato enfadado de Mourinho, cuyo nombre evoca su “negación mohína” de la evidencia, con sus silencios y sus gestos sobrevalorados, igual que aquellos niños que se llevaban el balón. O la interpretación del papel de bueno que nos brinda Guardiola con esa prudencia exasperante para los que buscan en el fútbol el cauce para la barbarie que reprimen en otras partes. La división del mundo entre buenos y malos debe de ser lo que hace que los presidentes del gobierno se vean obligados a confesar su preferencia por uno u otro equipo, o quizá sea resultado de una particularísima idiotez periodística que lleva a algunos a preguntar esas cosas a falta de otros asuntos importantes que tratar. Sinceramente me gustaría no saber algunos datos de los presidentes y de los responsables públicos, primero porque no me importan y segundo porque no creo que debieran siquiera poder hacer un solo chiste en público sin ser multados, con la que está cayendo.

Los filósofos portugueses José Bragança y José Gomes Pinto comentaban mientras veíamos un partido del Real Madrid que la liga española no era ni mucho menos la mejor de Europa, como suelen decir algunos patriotas, porque estaba demasiado dominada por los dos grandes equipos cuya distancia en calidad e inversión con respecto a los demás hacía aburrida la competición. A mí eso me suena. No sé, quizá sea aplicable a otros ámbitos de la vida pública en ese lugar llamado España. El empobrecimiento de la clase política, su devaluación manifiesta y su falta de legitimidad, ha secuestrado la idea de democracia en un disparate mediático de enfrentamientos guiñolescos en la pantalla, mientras en el interior de los partidos se trapichea y se hacen las purgas necesarias para que caigan los verdaderos oponentes, los de dentro del partido, los que en serio pueden quitar un puesto en caso de ganar las elecciones, acontecimiento por lo demás cíclico y previsible.

También se nos ha secuestrado el pensamiento crítico, y lo que es peor, la izquierda. Vamos sin izquierda, lo que es tan grave como perder el hígado. La marginación de Izquierda Unida en la representación por número de votantes a favor de los partidos nacionalistas nos habla de ese secuestro. Hace poco salía Iñaqui Gabilondo en la tele, entrevistado él para variar, soltando algunas verdades contra esa clase política enfermiza y patética. Entre esas verdades se encuentra la idea de que los partidos políticos mayoritarios (PP y PSOE) se han convertido en un problema público. Astutamente, Gabilondo intuye el movimiento de distancia y hartazgo de la población hacia esas estructuras aparentemente antagónicas pero en realidad complementarias. Sólo le faltó, quizá, un poco de reflexión sobre el espejo en el que se miran esos políticos, los medios de comunicación en los que él ha trabajado desde hace años.

Sin duda, como ya anunciaran algunos visionarios y exaltados de la transición, vivimos en una partitocracia, lo que importan son los partidos, en especial los del Madrid-Barça. En todo caso nadie parecía estar dispuesto a apostar por los minoritarios, veremos que pasa en estas elecciones ahora que nos echamos a la calle para reclamar “democracia real ya”. Mientras tanto los aludidos portavoces de los grandes partidos aparecen con su inagotable cuajo confiando en las urnas. Como rezaba un cartel en manos de una mujer italiana, en una de las manifas contra el machismo de Berlusconi…

This entry was posted on Martes, mayo 17th, 2011 and is filed under Avistamientos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

5 Responses to “Madrid-Barça”

  1. Óscar R. Cardeñosa on mayo 22nd, 2011 at 20:02

    Muy buena reflexión. Ahondaría en la realidad de los mediso de comunicación no como brazos de los partidos, sino como satélites que orbitan entre esos dos grandes soles, y que a veces varían su ciclo para arrimarse al que más calienta.

    La alternancia es clara y previsible. Las leyes son descaradas en sus fines, y la desinformación de la masa respecto a su funcionamiento y calidad, notoria y eficaz. El pueblo, como una rata de laboratorio, es conducido por un laberinto de estímulos por dos cientificos locos armados con ilusiones, reproches, y tasers con los que mantener la confusión general y chamuscarnos los bigotes.

    Un saludo.

  2. Rosa Benéitez on mayo 23rd, 2011 at 8:22

    Víctor,
    muchas gracias por recordarme por qué aborrezco el “fútbol” español…

    Abrazos,
    Rosa.

  3. Víctor on junio 1st, 2011 at 16:31

    Gracias, Oscar y Rosa, por vuestros comentarios.

    victor

  4. José M. Yagüe on junio 14th, 2011 at 12:49

    Bueno, eso esta bien, yo opino lo mismo, pero como no tengo tele en casa me ahorro el bombardeo.
    Cuando yo era televidente y futbolero, era militante en las filas del Atlético de Madrid. Eso era allá por los primeros años 90, cuando Sanchez Dragó lanzo aquella memorable critica a los españoles y el futbol que me hizo comprar el Marca para ver que sandeces ponian esos pájaros a posteriorí… siempre he sido un poco de apostar a caballo perdedor… en fín, hasta he llegado a votar a…

  5. admin on junio 18th, 2011 at 17:39

    Bueno, ya es algo que hayas llegado a votar…

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