Poetas de trinchera: contra la imbecilidad de la épica

Se viene presentando en varias ciudades el libro de poemas de Siegfried Sassoon titulado Contraataque de la editorial El desvelo. El miércoles fue en Madrid, en Arrebato Libros. Contraataque es un imposible antódoto poético contra la guerra y, en particular, contra la épica que rodeó la primera de las dos grandes guerras del siglo XX por la que millones de jóvenes fueron aniquilados o hundidos en el horror. Como sugería Ana Gorría en la presentación, quizá sea un buen momento para leer estos poemas ahora que algunos periodistas babean al contar hazañas bélicas de los llamados “comandos de élite”. En realidad los poemas de Sassoon, magníficamente traducidos por Eva Gallud Jurado, pertenecen a lo que podría ser casi un género propio de poesía o diario de trinchera. El propio Sassoon se cuenta entre los War Poets de la literatura anglosajona. El shock de esa experiencia histórica asoló la prosa y la poesía de una generación entre la que había personajes bien conocidos, desde Wittgenstein hasta Hugo Ball. Algunos transformaron una cierta admiración estética por el fenómeno de la guerra en una conciencia del horror. La trinchera pasaba de ser un paisaje evocado con aliento catártico y renovador en algunos idearios vanguardistas, a convertirse en la constatación de la miseria humana donde, lejos de ponerse en juego el honor o el valor, los casi adolescentes soldados chapoteaban en el fango más abyecto. La miseria no sólo se traducía en la destrucción del cuerpo y la mutilación, sino también en el trasfondo moral de sus experiencias. Eso, con mejores palabras, describe el libro de Sassoon que no deja escapar la posibilidad de abordar el impacto psicológico y las taras afectivas que dejaba a los soldados. Las figuras inconscientes de los padres, las novias que esperan el regreso o los supervivientes de mirada perdida, son parte de una escenografía siniestra que se teje alrededor del hecho traumático de la guerra. Como dice Eva Gallud en su prólogo “Contraataque es mucho más que un catálogo de horrores bélicos. Es un canto a todos aquellos que buscaban la paz a tientas. Pero es también la constatación del efecto degradante que la guerra ejerce sobre el ser humano, como bien apunta ya desde el principio con su elección de la cita de Barbuse. La guerra, dice Sassoon, es el demonio que paró nuestros relojes. No nos hace hombres; destruye la humanidad que hay en nosotros”.

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