Conversación con Elena Vozmediano para Exit Express

Las siguientes respuestas fueron enviadas a la encuesta remitida por Elena Vozmediano para la elaboración de su artículo titulado: “Críticos y comisarios independientes, prácticamente”, publicado en Exit Express. Revista de información y debate sobre arte actual, n. 55, noviembre de 2010. Si en el artículo de Elena Vozmediano se extractaban algunas de las respuestas, aquí puede leerse el conjunto de los comentarios.

-P: ¿Conoces algún programa formativo que responda realmente a las necesidades de los jóvenes críticos? ¿Y algún programa de prácticas?

R: En realidad no conozco programas específicos sólo destinados al ejercicio profesional de la crítica de arte, al menos aquí. Hasta un cierto punto es comprensible porque, tal como funciona el campo artístico en la actualidad, la crítica es indisociable de una cierta comprensión global del medio y está incorporado a diversos estratos de su praxis, en especial a la propia producción artística y al comisariado. La crítica como género literario también desdibuja sus fronteras, de modo que no es fácil determinar los ámbitos disciplinares.

Yo establecería además una distinción entre una crítica ensayística, procedente de la investigación, y la crítica de actualidad y de debate.

La primera se integra en la teoría y la historia del arte contemporáneo y se basa en la investigación y en el desarrollo de tesis argumentadas desde paradigmas teóricos que tratan de redefinir su genealogía en cada intento discursivo. Ésta tiene un perfil más académico y se difunde en publicaciones especializadas y en obras colectivas con una distribución limitada. En estos casos la crítica se incorpora al ámbito académico en programas de formación más vinculados con la investigación historiográfica y de teoría cultural.

La segunda está escrita al hilo de la actualidad de las exposiciones y de los eventos, y se publica en la prensa diaria, en los suplementos culturales y en Internet. Son textos más breves y como disciplina se ejerce de manera híbrida sin un campo profesional específico. Teniendo en cuenta la proliferación de blogs de autor y de plataformas críticas en Internet la formación se atiene cada vez menos a un protocolo académico. Habría que estudiar la emergencia de estos nuevos dispositivos críticos, muchas veces colectivos, y los debates que demandan al ponerse en práctica porque surgen ad hoc en muchos casos y son el resultado de lagunas significativas en el plano de la crítica convencional.

- P: ¿En qué horquilla de honorarios se trabaja? (periódicos, revistas, catálogos) ¿Cómo han evolucionado los honorarios en los últimos 10 años?

R: Supongo que con esta pregunta te refieres al tipo de crítica que nace en relación a la prensa escrita y al periodismo cultural. Son profesionales autónomos o colaboradores freelance que trabajan para medios y que envían sus colaboraciones según los deadlines impuestos por la redacción. En general estos autores trabajan como comentaristas de la actualidad en el segundo modelo que he descrito antes y tienen horarios bastante autogestionados como los que corresponden a otros trabajadores de las que se denominan “profesiones liberales”.

Luego están los integrantes de los equipos de redacción de los medios, ya sean en prensa o en Internet, que trabajan con horarios expandidos pero cercanos a los ritmos de producción de empresas similares. En general, tanto investigadores como periodistas culturales freelance trabajamos como los autónomos, con un tiempo autogestionado y por encargo. Ni siquiera es necesaria la presencia en un lugar de trabajo concreto, lo que deslocaliza aún más esta labor.

- P: Los suplementos culturales tienden a tener menos espacio y las revistas siempre han tenido dificultades económicas, ¿qué perspectivas de subsistencia ves para unos y para otras?

R: Bueno, es sabido que la prensa escrita, los periódicos impresos de toda la vida, ha ingresado en una crisis que probablemente no tenga vuelta atrás. Dependientes de los insertos publicitarios, la crisis económica global ha hecho estragos en los medios tradicionales, que habían comenzado hacía tiempo a confundir la crítica, la información y la publicidad. Reportajes pagados por instituciones o intereses privados y manifiestamente promocionales son ya una práctica habitual que poco tiene que ver con la crítica. En parte este vicio ha generado un hastío entre los lectores más conscientes (subestimar al lector nunca ha sido una buena política) y ha propiciado la aparición de foros alternativos que no dependen de ese vínculo publicitario.

Por supuesto la web 2.0 ha sido definitiva al descentralizar la información y al proporcionar fuentes alternativas de opinión que por añadidura no eran sordas al propio sentido crítico del lector. Los autores más leídos incluso en la prensa “oficial” pueden generar sus redes participativas entre sus lectores y los medios tradicionales han perdido el monopolio de la visibilización de los eventos culturales. Hoy es más eficaz utilizar redes sociales y foros en Internet para dar a conocer un proyecto cultural porque, además, se identifica con mayor precisión al público objetivo de una acción.

Por lo que respecta a las revistas especializadas el proceso es similar aunque avanza con más lentitud. En ellas existe un valor añadido al constituirse como objetos coleccionables o al situarse como emblemas de prestigio académico. Digamos que de algún modo estaban más acostumbradas a convivir con la precariedad.

- P: ¿Pasará la crítica a Internet? ¿Cómo podría ser, en ese caso, económicamente rentable?

R: Como he tratado de explicar, eso ya está ocurriendo. Mucha gente ya no compra periódicos porque acude directamente a Internet. Ese desvío tiene un valor extra en el acceso inmediato a una pluralidad que se distancia del ejercicio de identificación que implicaba antes acudir a una cafetería con un determinado periódico bajo el brazo, donde cada uno parecía asociarse al supuesto signo político de su cabecera. Quienes trabajamos para suplementos culturales sabemos que nuestras ideas políticas a veces no tienen nada que ver con la carpa ideológica bajo la que escribimos.

Creo que se equivocan quienes tratan de poner peajes en el acceso a la información porque hay infinidad de caminos por los que ese caudal circula de modo alternativo. En eso no creo que la crítica pueda ser rentable desde una lógica económica convencional. La noción de trabajo remunerado está pendiente de una revisión en el campo cultural porque los réditos son de orden simbólico y la mayoría tenemos trabajos alternativos que hacen de la crítica una práctica potencialmente desinteresada. Sabemos que cuando se somete a la lógica de los mercados pierde su autonomía.

En definitiva creo que la demanda sectorial y corporativa de unas condiciones de trabajo equiparables a las de otros ámbitos de producción es una fantasía que acaba por integrar al crítico en la lógica de un mercado laboral en el que no tiene un espacio efectivo. En su lugar, las estrategias, a veces estajanovistas, de autores aislados o en red operando sin rendir cuentas a nadie, abren el paisaje de la crítica a un nuevo contexto todavía fuera del control de los medios corporativos. No sé si se puede ser crítico y asalariado al mismo tiempo.

- P: ¿Te preocupa el tratamiento que, fuera de los suplementos, se da al arte en los medios de comunicación? ¿Percibes mensajes contradictorios entre la crítica y el periodismo?

R: En realidad no me preocupa. Creo que hay una necedad o un filisteísmo implícitos en todo ejercicio periodístico que forma parte de la ideología de la comunicación de masas. Por supuesto que hay mensajes contradictorios y en realidad el periodismo no puede entender el arte porque tales ámbitos trabajan justo en lugares antagónicos de la cultura, precisamente porque el periodismo se presenta de modo acrítico bajo la misma fantasía de neutralidad que ha alentado los relatos históricos fraudulentos.

En el mejor de los casos el arte trabaja en el plano de la crítica lo que hace inviable la comprensión para las síntesis doctrinarias del medio tradicional. En el peor de los casos el arte colabora con las estructuras mediáticas amparado por su crítica refleja. Por eso consideraría que lo preocupante es el tratamiento que los suplementos culturales dan al arte amparando cuotas de una industria cultural subsidaria, basada en el flujo de un dinero público destinado a la celebración.

- P: En el trato con “empleadores” en general, ¿cómo de raro es que te ofrezcan algún tipo de contrato o compromiso con validez legal al hacerte un encargo? (sea una colaboración puntual, sea una relación más estable)

R: Muy raro…

- P: ¿Sabes algo de tus derechos de autor? ¿Perteneces a alguna sociedad de gestión?

R: Creo que, como se deduciría de lo que he dicho antes, las querellas sobre la autoría y la copia o el uso del patrimonio de creación se encuentran asentadas sobre una falacia que identifica el producto cultural con su valor de cambio. Son aspectos distintos y a veces enfrentados, pero toda la lucha recaudatoria que se emprende desde tales agencias se basa en ese principio que, por supuesto, no es tan ingenuo como para operar de modo automático (la ley ampara otras opciones); sino ideológico y legitimador del propio aparato de recaudación. No pertenezco a ninguna sociedad de gestión.

- P: ¿Crees que hay alguna diferencia entre los críticos más jóvenes (digamos de menos de 40 años) de los más veteranos?

R: Sí, creo que hay en España dos generaciones de críticos, aunque yo situaría la división en la línea de los 50 años. La diferencia fundamental que encuentro está en el hecho de que los más jóvenes son críticos especialistas, gente que se ha formado de modo más específico en estética, teoría del arte e historia del arte contemporáneo, y que ha tenido un mayor acceso a una información y un discurso internacional.

Los críticos más mayores pueden proceder en algunos casos de disciplinas ajenas al mundo del arte y se han adaptado en un momento histórico en el que hubo que reclutar escritores para abordar una incipiente producción artística en códigos que no se habían visto con anterioridad. Estos autores, tienen un tipo de escritura diferente y manejan otra retórica.

Dentro del panorama crítico en España encuentro además familias discursivas diferentes que proceden de diversos magisterios en las universidades. Hay algunas improntas que marcan modos de aproximarse a esa escritura y donde sería fácil entrever algunos mimetismos entre los críticos jóvenes y sus maestros.

- P: ¿Te parecen necesarias las acciones conjuntas por medio de asociaciones, plataformas, etc? ¿Cuáles crees que pueden funcionar mejor?

R: Creo que algunas de esas plataformas han aportado una reinterpretación de la crítica. En general no es que sean sólo necesarias sino consecuencia natural de la búsqueda de nuevos espacios.

- P: ¿Te parece apropiado que el comisario sea además crítico de arte (escribiendo opinión para periódicos o revistas)?

R: Doy por supuesto que te refieres a que un mismo autor pueda ser comisario de alguna exposición al tiempo que ejerce la crítica sobre otras del panorama de actualidad.

Si nos atenemos a un concepto amplio de crítica podríamos considerar algunas exposiciones de tesis como formulaciones críticas que se complementarían con un trabajo ensayístico o de investigación. Pero lo que ocurre en la práctica de modo más habitual es que ni las exposiciones defienden ninguna tesis en particular (se limitan en su mayoría a barajar unos nombres y unas sugerencias temáticas demasiado vagas para constituirse como apuestas), ni los críticos escriben desde posiciones fuertes y tienden a reproducir esa misma arbitrariedad en su escritura. Se intercambian así esos papeles en una aquiescencia implícita entre los agentes del sector, que no son tan numerosos como para enfrentarse en debates demasiado profundos.

Además de la estrechez de los intereses y los espacios en juego encontramos un importantísimo déficit argumentativo y una renuncia a aceptar las consecuencias de entrar en un diálogo. En nuestro contexto, a diferencia del ámbito anglosajón, por ejemplo, donde hay una mayor tradición argumentativa, no se aceptan de buen grado las críticas y se toman de modo personal. Los debates oscilan por ello entre el extremo de lo destructivo y apocalíptico, y el más descarado amiguismo. Así que no parece haber costumbre de valorar simultáneamente los aspectos positivos y negativos de un mismo producto cultural.

Por otro lado, el mapa de los autores está sometido a una sociología muy familiar y extremadamente corporativista en la que algunos se han sabido manejar con astucia hasta neutralizar en definitiva a la crítica.

De todas formas se trata de consecuencias difusas de esa extraña sociología, de modo que no creo que se puedan establecer marcos normativos estrictos para prácticas en muchos casos contaminadas. Creo que lo único que se debería solicitar es una asunción de la crítica de arte más responsable, tanto en suplementos culturales como en otros soportes.

- P: ¿Crees conveniente un código deontológico para la crítica de arte?

R: Creo más prioritario un libro de estilo con el carácter de una fundamentación teórica de los términos en uso, me parece que el problema de la crítica se encuentra en los vicios implícitos de los lenguajes y en las retóricas asumidas acríticamente. Como género literario, un análisis de su lenguaje revelaría la falta de ética en su propia retórica.

This entry was posted on Sábado, enero 15th, 2011 and is filed under Avistamientos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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